Oro Y Nieve
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Nieve y más nieve, solo se podía apreciar un páramo de puro blanco. A la vista dos siluetas resaltaban, un par de puntos negros atravesaban el paisaje, se estaban enfrentando contra las vicisitudes del clima.

—¿De verdad vale la pena? — Decía el hombre entre jadeos de cansancio.

—Por supuesto. Steven pudo comprarse un auto nuevo con lo que encontró —Le respondió el hombre a su costado.

—Él solo pudo picar un par, con nuestro equipo nos llevaremos todo lo que hay.

Ambos estaban en un viaje en busca de una inusual obtención de ingresos. En el mundo hay diferentes y extravagantes formas de conseguirlos como: vender utilidades, preparar comidas, crear cosas y reparar fallos son solo son unas cuantas de los muchos trabajos que existen, por ello esta forma de generar ingresos era de lo mas peculiar.

—Uff, uff. En el caso que no nos mate la hipotermia antes de llegar — Respondió.

—¡Hey! Cuando piquemos todo ese oro tendremos tanto dinero, hasta para comprarnos mejores pulmones.

Oro congelado. Así es señores no es un engaño ni una falsedad, en estas tierras los montañistas cuentan historias de como en sus viajes en la región se encontraban con este inusual metal, si bien los reportes de este extraño suceso se podrían contar con los dedos de la mano, este caso era más garantizado y no por el hecho de tener un equipo algo sofisticado para extraer el mineral precioso si no por la información que tenían.

—!Oh, vamos¡ ya falta poco, dale ánimos compañero — Le comenta con mucha energía.

—Lo mismo dijiste hace media hora, Paul — Refunfuñó con negativa.

—¿Dónde está tu espíritu aventurero, Jonathan? — Preguntó entusiasmado.

—Lo deje en mi casa con la calefacción — Habló con pesimismo y molestia.

Mientras uno era optimista el otro era todo lo contrario, un aventurero y un hombre de casa, sin duda alguna son un par muy dispar, pero como todo en esta vida, al final los opuestos siempre funcionan mejor en equipo.

No poseían deficiencias económicas significativas; tampoco eran personas con deudas y mucho menos simples ladrones. Entonces, ¿por qué dos personas normales se involucrarían en un viaje donde si bien su recompensa era grande, el riesgo era aún mayor?

—Vamos John si todo sale bien podrás llevar a tu gorila a nuestro gran restaurante — Mostraba una sonrisa juguetona en su rostro.

Compañeros de antaño que juntos vivieron varias adversidades, y aunque sus personalidades chocaban, ambos compartían un sueño: crear un restaurante. Si bien ya tenían uno, este era muy pequeño y no llegó a más que un lugar de merienda.

Aunque uno de ellos gastaba mucha energía en mantener el negocio, no podía manejarlo todo sin personal y el otro, aunque no tenía problema con administrar el papeleo, esto no generaba suficiente para poder vivir. Por eso estaban allí.

—Oye es mi jefa… Aparte solo somos empleado y superior… Y es mujer, no una gorila —Respondió apenado.

—Bueno, si eso te preocupa, solo renuncia. Cuando ya tengamos listo todo y puedas invitar a la gorila a salir, será más una cena romántica de conocidos — Lo dijo mientras mostraba una sonrisa pícara.

El desganado hombre agarro en sus frías manos un poco de nieve y seguido a esto la lanzó, dando un tiro al blanco a la cabeza de su acompañante.

—Auch — Respondió ante el dolor.

—Solo digo lo que veo, aparte con esa corpulencia y forma de actuar parece gorila — Lo decía mientras juntaba aún más nieve entre sus brazos.

—¡Oye no! No te atreverías — Lo decía desesperadamente al ver el gran cumulo de nieve que cargaba.

—Si me atrevo — Mostraba una gran sonrisa.

Un golpe y una caída se escucharon en el silencioso lugar, seguido del peculiar sonido se dejo escuchar los pasos acelerados de los dos jóvenes.

—Oye ¿no se supone que estabas cansado?

—Aún tengo fuerzas para golpearte…Oye, mira eso — Poco a poco va disminuyendo su velocidad y Jonathan señalo con su mano un pedazo de hielo sobresaliente del suelo.

Los dos amigos se acercaron al lugar, aunque antes que el enérgico llegara, fue empujado.

—Auch — Paul se quejo.

—No te quejes, pero dejemos esto para cuando lleguemos al hotel, mira esto — Jonathan se agacho para revisar.

Recobrando la compostura Paul se levanto y limpio la nieve del lugar.

—Vaya… —Hablo Paul sorprendido.

—¡Imposible!—Jonathan solo pudo exclamar ante tal extraña escena.

Los dos sujetos se quedaron boqui abiertos, pues entre lo blanco encontraron un resplandor. Si bien la nieve produce un brillo cuando le alcanza la luz, este era especial, tanto como para resaltar en un campo blanco.

—Oye Jonathan, pásame la herramienta.

—Toma — Le entrega un pequeño pico.

El sonido del hielo al romperse hacía eco. Mientras retiraban los pequeños trozos de hielo se tomaron su tiempo para apreciar lo que se encontraba en su interior. Eran monedas, pero no eran simples metales redondos: encontraron monedas de oro.

Si bien su forma desigual daba la impresión que alguien agarro una lámina del metal y lo aplasto con algún tipo de molde, el valor no disminuía solo por su forma poco usual.

—¡Oro! ¡De verdad encontramos oro!

Enérgicamente agarró la moneda, su textura era tosca y sin mencionar lo gélida que estaba, contemplándola se la llevo rápidamente a la boca y le dio un pequeño mordisco.

Un crujido provino de su boca.

—¡Sí es oro! —Su felicidad era notoria, pero fue apagada ante la brusca mano que se llevó su descubrimiento.

—Idiota, así no se comprueba, ¡eh! — Mientras observa la cara de aguafiestas que tenía Paul, se levantó y avanzo a un par de metros.

Después de detenerse, empezó a sacar poco a poco varios instrumentos de su mochila, como también empezó a armar una mesa desplegable.

—¿En serio? Solo míralo —Seguía con la mirada a su amigo.

—Deja esa mueca y sigue sacando más de esto…

Se detuvo un momento.

—…tal vez mientras yo pierda mí tiempo aquí tratando de comprobar que esto sea genuino alguien empiece a sacar más para decirme “te lo dije”, ¿no crees?—Su amigo lo miro por un momento hasta que empezó a picar el suelo. Por su parte Jonathan dio una mirada alrededor.

—Y creer que sí encontraríamos oro. ¡Dios santo! pero que hace esto en este lugar. El pueblo más cercano está a 1 hora de caminata y según lo que investigue no hay rastros de civilizaciones antiguas o algún accidente de transporte de tesoros de la antigüedad en este lugar….

Mientras pensaba como ese oro llego al lugar, su vista capto un gran lago congelado a un par de metros donde estaban.

— Un lago. uhmmm ¿Por qué no lo vimos antes? Pensándolo bien, alguien pudo haberlo robado y lanzado al agua para luego regresar a por él o algo parecido”.

Después de pensar por un momento se dio cuenta que su amigo ya había sacado más monedas.

—Uhm, no puedo estar perdiendo el tiempo pensando de donde vino, debo apurarme en construir un campamento antes que Paul se le agote la energía y no podamos regresar.

Mientras uno preparaba las cosas, para pasar la noche el otro usaba su energía para romper el suelo, un equipo perfecto, a decir verdad.

Para cualquiera esto pudo haber sido el inicio de una mejor vida, pero el destino es caprichoso y muy despiadado con algunas personas, y este par fue la victima perfecta para sus pesadas bromas.

Entre el agua, debajo de la vista de los mamíferos, descansaba un antiguo ser, algo tan antiguo como el terreno mismo.

Este ser descansaba plácidamente en su “cama”. De vez en cuando la criatura daba vueltas haciendo que su cómodo lugar de descanso se fuera dispersando. Si bien estos movimientos no hacían que se destruyera, hacían que pequeñas partes de sus componentes sean empujados lejos de esta, con el tiempo estos pequeños pedazos eran arrastrados por el movimiento llegando a la superficie donde terminaban congelándose.

Un pequeño pensamiento apareció en su mente, el cual rápidamente fue apagado por el profundo sueño que tenía. Era culpa de su subconsciente, ya que para alguien como él, ¿Qué podría importarle que los conejos o zorros rasparan el suelo para crear sus madrigueras?

Por ello, casi nunca despertaba por completo ante los ruidos exteriores. Aunque ¿Quién podría reprochárselo a alguien como él que poda darse el lujo de tal despreocupación?, cualquiera que lo mirara podría imaginar como si un joyero hubiese cuidadosamente colocado preciosas gemas dando la apariencia de un enorme ser.

Para otros se podrían imaginar como si varios pedazos de cristal de la más alta calidad hubiesen tomado vida y se hubieran apilado uno encima de otro generando a un ser cuadrúpedo con una larga cola cual serpiente, junto a una imponente par de alas que median el doble de su cuerpo.

Se los llamaba “Incarnati Ice Dracones” o traducidos al español “Dragones de hielo encarnado”, poderosos dragones de hielo ancianos que después de siglos de existencia se volvían uno con su elemento.

La principal diferencia entre estos y el resto de su especie, llamada “Glaciem Draconis” era la evidente cristalización que estos poseían, los jóvenes iniciaban como hermosos dragones blancos o celestes sin rastro alguno de hielo en sus cuerpos. No era sino cuando maduraban, en los adultos, se les empezaban a formar gruesas capas protectoras en algunas partes del cuerpo y los ancianos tenían algo parecido a corazas.

En este punto no solo gozaban de un poderoso aliento gélido, sino que también las articulaciones que por el paso de los años se debilitaron ahora eran recubiertas por un duro hielo protector. pese a ello, algunos ancianos no se conformaron con lo que su cuerpo les daba y por ello empezaban una búsqueda elemental.

Estos acumulaban el frio de su exterior en su “núcleo gélido”, el enlace del ser con el frio y la nieve. Si bien los gigantes de hielo, como los golems creados con materiales invernales, poseían dicho núcleo, estos dragones se atrevían a experimentar con el suyo, haciendo que su cuerpo sufra grandes tormentos y pesares para que al final el espíritu del dragón se convirtiera uno solo con su elemento.

Y este dragón pertenece a esa clase, un viejo anciano que pasa sus años durmiendo en su lago, rodeado de las riquezas que obtuvo en sus años de juventud. Para él, no había mejor placer que dormir. Si bien, con su cuerpo no requería satisfacer las necesidades básicas de los seres vivos, aún disfrutaba de dormir por largos periodos de tiempo y comer los pequeños aperitivos que ocasionalmente caían en el lago. Su tranquilidad debió durar durante un par de miles de años hasta que un día empezó a escuchar con más frecuencia el sonido de metal chocando con el suelo.

Al inicio lo tomo como simple bulla humana y empezó a regresar a su sueño, el cual se vería nuevamente interrumpido por un estruendo. Incapaz de expresar un gruñido de alerta al estar bajo agua, analizo la situación.

Mientras pensaba en las posibilidades, sus sentidos detectaron a dos presencias discutiendo en sus cercanías. Intrigado, el viejo dragón lentamente se levantó de su cama, la cual empezó a desparramarse ante el movimiento del ser. Lentamente empezó a acercar su cabeza a la superficie del agua, y mientras más se acercaba se percató que esos dos eran los únicos en la cercanía.

—¡IDIOTA! ¡ERES UN MALDITO IDIOTA! —El hombre trataba de golpear a su acompañante.

—Lo siento. No, no… no sabía que fuera tan potente — Paul trataba de disculparse mientras esquivaba los golpes de su amigo.

— Por tu culpa perdimos los únicos 3 explosivos que teníamos. Se supone que eran en el caso de que no pudiéramos romper el hielo .

—Pensé que solo había puesto uno — Trató de explicarse.

—¡Te dije que eran pequeños y que tuvieras cuidado de usar más de uno! — Jonathan lo refuto.

El viejo dragón vio la escena con mucha confusión. Si bien no podía entender que era lo que estaban hablando, él entendió que uno de ellos había generado ese intenso ruido mientras el otro lo estaba reprendiendo.

—Solo son humanos — Pensó mientras los observaba con curiosidad.

Para los de su especie, incluso los más jóvenes no tenían problemas con enfrentarse a una gran multitud de estos. Solo unos pocos héroes de la antigüedad hubiesen sido capaces de luchar a la par con los poderosos dragones adultos e incluso abrumar a los de su clase, pero hasta donde el viejo ser, sabia estos ya no existen.

Mientras poco a poco empezaba a perder interés por el par, se percató de una brillante luz que llamo su atención. Curioso, se levantó lentamente dejando ver su cristalina cabeza.

—¡MI ORO!

Y con un rugido, el par de hombres quedaron congelados, no por la intensa ola de frio que el ser emanaba, sino por la imponencia de la criatura.

Desde su punto de vista, estos ladrones se aprovecharon de su sueño para así robarle, enojado empezó a salir del lago que reposaba.

—¿¡Qué mi… mi… mierda es eso!? —Grito Jonathan.

Incapaz de producir palabra alguna, su compañero solo pudo caer rendido en el suelo.

Los amigos, desde su perspectiva, vieron como un conjunto de pedazos de hielo salía lentamente del agua. Al inicio, el pensamiento de un iceberg frotando paso por sus mentes, pero rápidamente fue descartado al ver como este conjunto empezó a tomar forma. Una forma de pesadilla.

Su cabeza parecía la de un reptil con picos en la barbilla mientas 5 largos cristales sobresalían en la parte posterior de su cabeza, extrañamente un par de piedras preciosas ubicadas en su cabeza brillaba con una luz azul. Estos fungían como los ojos del ser y mientas más tiempo lo miraban, más apreciaban como el hielo daba la apariencia de fina joyería la cual brillaba con imponencia.

¿Cómo algo tan hermoso se siente tan aterrador? Embobados, los dos compañeros atestiguarían el acto de crueldad del ser.

Sin bacilar, sin pensar en los motivos, sin dejar que los forasteros dieran un porqué, el viejo dragón lanzo un aliento gélido y no se detuvo después de oír como los cuerpos se congelaban. No señor, él solo descanso cuando se percató del gran cumulo de hielo que había formado.

Y en los pequeños segundos antes de ser impactados por el frio, el par pensó en sus familias, en sus amigos, en sus conocidos.

Uno pensó en su jefa, se arrepintió de las tantas veces que ella lo había invitado a salir, aquel hombre la amaba, pero nunca tuvo el valor de decirle algo. Estaba esperando el momento donde la invitaría a salir a su restaurante. Se imaginó la escena a centímetros del hielo.

—Nos sentaremos en la mejor mesa del lugar y Paul nos traería la carta mientras los empleados preparaban una sorpresa — Fue el último pensamiento del hombre.

Por su parte, su opuesto amigo solo sintió la frustración, el enojo y la ira ante tal acto de crueldad.

—Estábamos tan cerca, hubiéramos cumplido nuestro sueño…. Mi familia estaría orgullosa de mi talento… Toda mi vida la dedique a esto y estábamos a solo un paso…. ¿porqué? ¿por qué ¿Por qué tenías tú que aparecer? — La llama de su ira fue apagada en un simple instante.

El antiguo dragón solo dio un pequeño suspiro al sentir como los corazones de los ladrones se detenían, pero no fue suficiente. Levantando su enorme brazo dio una furiosa palmada rompiendo en miles de pedazos el iceberg que había formado los cuales se elevaron por el aire y volaron hasta caer lejos de la escena. Ahora satisfecho, regresó a su lago no sin antes recoger el oro que le pertenecía.

Inconscientes de lo sucedido, un grupo de autos se acerco al lugar. Su número los hacia ver como una caravana deteniéndose a solo un par de metros del lago congelado del dragón. Grandes hombres corpulentos bajaron de los autos y empezaban a desempacar las grandes cajas que transportaban. Por su parte, un grupo de ancianos descendieron de uno de los vehículos.

—¿Crees que se toparon con él? —Preguntó uno de los ancianos.

—Lo más probable. No por nada escuchamos un fuerte sonido hace un par de horas —Contestó fríamente.

La única mujer del grupo habló.

— Normalmente, los curiosos suelen explorar las colinas, donde se topan con los pequeños tesoros que dejaron los antiguos soberanos. Tuvieron mala suerte los pobres —hablo con una voz suave.

—Siempre ha sido así, pero este par fueron directos a molestar al último soberano —Refuto un pequeño anciano con voz aguda.

Mientras el resto de ancianos hablaba sobre lo sucedido, uno de ellos alzo la mano en señal de silencio.

— En cualquier caso, paso lo que tenía que pasar. Busquemos sus cuerpos y démosles un entierro adecuado. Por nuestra parte, aumentaremos la frecuencia de las ofrendas de 8 meses a 2 meses y esperemos que sea suficiente para que “Hiems Dormiens” pueda dormir un par de siglos más .

Todos los presentes asintieron.

Después, los ancianos empezaron una nueva plática de cómo aumentar el número de pescado y metales brillantes que podían producir. El resto de los presentes ya habían acomodado 5 grandes barriles llenos de comida mientras que un pequeño grupo se encargó de pulir un par objetos metálicos.

Al cabo de una hora los ancianos, junto a un grupo de hombres que cargaban las ofrendas, se acercaron. Después de hacer una reverencia, los hombres acomodaron suavemente los barriles y lentamente fueron empujándolos al centro del lago y llegados a ese punto se hundieron. Se quedaron observando atentamente el agua que comenzó a agitarse la cual eventualmente se quedo en eventual calma, mostrando una expresión de felicidad y paz.

Como habían hecho sus antecesores, ellos habían evitado el resurgimiento del antiguo soberano de su tierra, el último dragón de hielo encarnado del continente.

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