Un Libro De Una Lanza
Puntuación: +1+x

Y allí estaba, el horizonte de cristales y hielo en la alta montaña, dónde las frías capas de viento endurecen a la nieve, y a los cuerpos congelan por siempre.
Estaba allí, el gran guerrero de los cuernos, con la piel gris del hierro, los ojos brillantes azules del frío, su lanza de punta helada y puntiaguda, echa de lo más resistente que había en el mundo. Y el miro, en la alta montaña de las tierras de la paz y alta montaña, allí estaban dos hombres.
Uno de frío, y otro de químicos.
El hombre del frío vestía con ropas de animales, su cabello largo rubio, sus ojos rojos llenos de furia, portando un Hacha, y varias corazas de armadura, alto y fornido, con un aspecto de un guerrero. Y el otro, un hombre mediano, sin barba, joven y de piel pálida, con una túnica verdosa y sin vestir pieles abrigadas, no afectado por el frío, ni por nada exterior de los elementos comunes.
El hombre de frío hizo girar su lanza entre sus dedos, y unas chispas salieron de su filo. Estás se lanzaron por todos lados, como ráfagas de estrellas cayendo al vacío. El hombre de los químicos brinco y salto de atrás y hacia los lados, evitando con la habilidad de un fantasma y la velocidad de una pantera. Las pequeña chispas al impactar generaron explosiones en un fuego azul fuerte, el cual congelaba y derretía a la ves la nieve, pero rápidamente se convertía en pintones de puntas de hielo frío y duro. El hombre de los químicos callo de pie, ya habiendo evitado todos y cada uno, saco una varita y dijo las palabras " sânge al lui Dumnezeu, aruncă-te în exilul relelor spun ", y una hola de cinco grandes cabezas de dragones, formadas de un brillante y colorido líquido verdoso que derretía la nieve, impactaron en el suelo, una cerca del hombre de frío. El hombre de frío trato de saltar antes, pero el impacto fue más fuerte y le saco volando. Las cabezas al impactar explotaron en ácido verde, derritiendo nieve, roca, acero y hielo. La explosión tambaleo un poco ante está fuerza, y el hombre de hielo había perdido su Hacha.
El Acha quedó clavada en lo alto de una roca, y era imposible recuperarla. El se levantó lleno de ira, y apretó sus puños, y los junto. Movió suavemente sus manos, y Ian esfera cristalina, poco a poco visible y clara, empezó a formarse junto a un destello de azul y blanco.
El hombre de los químicos miro, y sonrió. El levanto su varita y dijo "Șef al stăpânilor lui Dumnezeu, ridică-te în furia dragonului ", y así fue como salio un líquido verdoso, que se junto rápidamente en grupos, y empezó a agrandarse y agrandarse. Asta formar una cabeza de un gran dragón, poderoso y bestial.
La cabeza rugió, abrió los dientes, y saboreo el aire y la pronta sangre de el hombre frío. El hombre frío concentrado, junto más y más de su poder, con la esperanza de vencer.
Entonces el lanzó, y en un parpadeo el contrario también. La cabeza de dragón choco con la esfera, y un destello de explosión cegó a ambos. El cuerpo del hombre de frío, tirado en el suelo estaba. Demacrado, desgarrado, roto, sangrando y moribundo.
El hombre de los químicos sonrió, fue y le arranco sus prendas de hierro y blindaje, y tranquilo se fue a su gran casa solitaria.
El demonio miro, y pensó. Pensando en que tan fácil era morir, pensando en el poder de la magia, y mirando fijo, a los ojos destruidos del cadáver. El su lanza tomo, y se retiró bajando, desapareciendo entre la caída, a observar otro espectáculo.


En las bajas tierras del viejo mundo, en las montañas altas entre los conquistadores y los que an cortado la cabeza de su rey, estaba aquel demonio mirando en lo alto. Apreciando la vista, mates de belleza blanca y celeste, sumergidos en el gris oscuro de las montañas altas y recubiertas de la pureza de la nieve. Y allí el miraba, con su lanza clavada en una piedra, dónde nadie podía verla.

Abajo, en los caminos pobres, dónde el frío ronda, miro y observo a varios hombres. Quinientos contra trescientos, fusiles impactando contra el pecho de los contrarios de cada lado, con la punta afilada de mil lanzas. Uno disparando balas de cristal, que atrabeso la frente del capitán. El capitán callo, y el cristal explotó, y libero mil y un cristales lisos y brillantes, impactando contra cada hombre, amigo, enemigo, desconocido, sobre casi todos. Y estos cristales perforaron pecho, costilla y corazón sin resentimiento. En un parpadeo de un ojo, muchos calleron para nunca más levantarse.

Aquel que disparo, sonrió, y miro su atrocidad ante sus propios compañeros, satisfecho de a ver muerto a tanto enemigos como amigos. Entonces el miro al cielo, y le sonrió al rey muerto, por qué su mejor burla, era la de la vieja corona rota.

El demonio miro la sonrisa, y luego también sonrió. Tomo su lanza, y se lanzó a otro vacío, para desaparecer de la vista oculta de los hombres con fusil y chamarras.


Y el señor demonio con su lanza acompañado estaba, en una tierra de corruptos y masacre levantada, en el imperio de los mil días, en las tierras más nevadas y frías de la tierra.
Dos ejércitos se asomaron y se miraron, uno con gorras viejas, fusiles, ametralladoras y barbas largas. el otro, echo de túnicas y metales preciosos, armado con martillos, picas y runas, miro al contrario. Cómo bestias a la presa se lanzaron, chocando balas con titanio, derritiendo la nieve a sus pasos, atravesando carne y hueso, rompiendo metales y oxidando armas, corrompiendo y rompiendo la realidad, y destrozando las bestias de mil ojos del gran Zar.
El demonio miro de lejos, con su lanza empuñada en su mano, y dijo; "humanidad y bestias. Así es como todo comienza, y luego como todo termina." Y el retrocedió, para dejar de ver la masacre, y camino a la niebla espesa, de nieve y frío, para luego, no ser visto de nuevo.

Si no se indica lo contrario, el contenido de esta página se ofrece bajo Creative Commons Attribution-ShareAlike 3.0 License