Contexto histórico:
A principios del siglo XVIII ocurrieron una serie de incidentes en las colonias españolas, en especial en lo que actualmente son los países de Chile y Peru. En estos incidentes ganado y animales domésticos (gallinas, pavos, cabras, ocasionalmente perros y cerdos) aparecían muertos con señales de mordidas en el cuello y totalmente desangrados, un comportamiento diferente al de los depredadores usuales de la zona. Estos incidentes terminaron siendo atribuidos a una creatura llamada “el Chupacabras”1, quien sería un animal nocturno y sediento de sangre, capaz de alimentarse de docenas de gallinas u otros animales cada noche.
Cráneo supuestamente perteneciente a un chupacabras, conservado desde 1811, actualmente se sabe que perteneció a un Pihuchén.
Según los campesinos que fueron testigos de sus apariciones, la creatura poseía una gran fuerza, una velocidad antinatural y cualidades que solo podían calificarse como mágicas, incluyendo la capacidad de teletransportarse, volverse invisible, adoptar la forma de otros animales, ser invulnerable a disparos y atravesar muros de madera o piedra. Las descripciones solían variar mucho, siendo descrito como un ave con colmillos, un murciélago gigante, una serpiente con alas, una creatura cuadrúpeda sin pelo y con púas en la espalda, o un ser bípedo de apariencia simiesca y cubierta de pelo, extremadamente agresiva. El nombre se popularizo y, a pesar de la falta de evidencias y de coherencia en los relatos, su existencia fue defendida no solo por campesinos sino también por las autoridades coloniales y por eruditos y naturalistas, incluyendo a organizaciones cazadoras de “bestias y monstruos” como la Cofradía de San Cipriano.2 Mas tarde el área de sus apariciones también se amplio a casi toda Sudamérica, excepto Brasil, y a mediados del siglo XIX hasta Mexico.
Aunque continúo apareciendo en bestiarios y libros de zoología hasta la década de 1910, actualmente el consenso es que como el chupacabras como especie nunca existió, y que todos los casos de ataques a ganado y -menos frecuentemente- a seres humanos se deben a depredadores naturales como zorros, lobos, mandriles3 y otros animales menos comunes como el Pihuchén (Philodryas alatus squamosus), que fueron mal identificados.
-Griselda Ramírez, jefa del departamento de documentación histórica.
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