Dos corazones en la niebla


—¿Esto se puede describir como normal para el tipo de cosas que se investigan aquí? —La investigadora junior Génesis Rodríguez veía con una ceja levantada el artículo OTS-039.

—Siempre puede ser más raro. —El joven investigador Nakahara veía con una muy ligera sonrisa las reacciones de su amiga y aprendiz.

—Con razón ocultan estas cosas al público.

Ambos terminaron por dejar de ver la pantalla del ordenador y su atención era dedicada a los ojos del otro, hasta que fue el chico el que quitó la vista primero volviendo al artículo mientras pasaba al siguiente.

—¿Qué te ocurre, Reki? ¿Te sonrojaste? —Mencionó burlonamente la rubia a su lindo acompañante.

—Cállate, Génesis. —Su rostro difícilmente lograba teñirse en rubor por el frío extremo que su naturaleza le dió al nacer pero los momentos con ella eran la excepción y ambos lo sabían muy bien.

—Reeeeki. —El tono de su voz era juguetón lo que hacía al investigador reaccionar con pena a lo que redirigía su mirada a otra parte con esa constante expresión de molestia.

—¿Reki? —Dijo una voz diferente al otro lado de la puerta cerrada.

—Si, adelante. —Dijo el joven investigador reincorporándose y aclarándose un poco la garganta.

Entonces entró el doctor Doppler con su eterna sonrisa, bastante inoportuno aunque nadie lo haya mencionado. —Hola, Reki, buenos días… Buenos días para usted también investigadora ¿no interrumpo verdad?

—Buenos días doctor. —Dijo Génesis seria y algo molesta en su interior por la interrupción, cosa que trataba de ocultar, y lo hacía muy bien, talvez demasiado bien.

—¿Qué? no, no, solo estaba mostrándole algunos OTS a la nueva ¿en qué te ayudo, Louren?

—¿Todavía soy la nueva? —Se adelantó a preguntar la chica.

—Hasta los 5 meses, si. —Se puso de pie y caminó hacia Doppler el cuál los veía con una sonrisa pues le parecía lindo verlos juntos.

—Me gustaría hablarte de ésto en privado, Reki. ¿Si me disculpa, investigadora? —Se dirigió a la chica con la misma sonrisa, casi suplicando que dejara salir al niño a jugar.

—Si, claro, adelante. —Ella se puso de pie y caminó por enfrente de ellos con la intención de salir de la sala pero Doppler la interrumpió.

—En realidad necesito llevármelo… Durante algunas horas.

—Ah, claro… Entonces nos vemos más tarde, Reki.

El joven investigador se sorprendió al oír que serían 'horas'. —Si… Si Génesis… Creo que volveré más tarde.

Fue una despedida incómoda para todos. Luego de esto tanto Doppler como Reki salieron de ahí y la investigadora se quedó leyendo el artículo OTS-040.


En la Base de Peligros Ígneos ubicada en el Ártico, el Capitán Lozano del Equipo de Manutención Pyro-09 se encontraba observando a través de una cámara de seguridad al llamado por algunos 'niño térmico' estudiando con uno de sus dos maestros.

—Si señora, OTS-040 no ha causado ningún problema desde la última vez, afortunadamente tiene un carácter pasivo y obediente; sin embargo hemos observado que en ciertas ocasiones deja de prestar atención a sus clases por lapsos de tiempo que varían entre 5 y 20 minutos… En los últimos días son un poco más frecuentes.

De un intercomunicador frente a él salió la inhumana voz de Magnus Undécim, avatar de la diosa Yewá. —¿Entonces? ¿cómo va a solucionar eso, capitán?

—Usted ordene, podríamos reprenderlo, pero si causa una reacción negativa de su parte podría poner en peligro al personal y a sí mismo.

—No quiero que regañe al pequeño, mi dulce diosito no merece tal trato; descubra el motivo de sus distracciones, debe tener una razón así que solucionelo con amor ¿me entendió? —Sonaba muy maternal de su parte sin embargo fuera de su interés por la entidad no tenía relación sanguínea alguna.

—Entendido, señora, le pediré a sus maestros que hablen con él con mucha delicadeza y veré si puedo tener una entrevista con el niño.

—Sé lo empático que es capitán pero para entender las necesidades de criaturas conscientes, preferiría que se encargue un ex miembro de Cereolla, es especialidad de ellos, te enviaré la información de uno dentro de la agencia.

—Como deseé.

—Si el niño quiere más juguetes o cualquier cosa así, se la dan, pero si necesitan algo más complejo házmelo saber.

—Entendido.

—Y capitán.

—¿Si señora?

—No lo pierda de vista, el supervisor sigue siendo usted.

—Si, señora.

—Que buen chico. —Dijo con ternura a su obediencia; resonó claramente su extraña risa de hiena y la comunicación se cortó.


Ambos investigadores se encontraban uno frente a otro en los asientos traseros de un helicóptero blindado con dirección a la base donde se encontraba:

—¿El niño térmico?

—Si, Reki, me llamaron porque parece distraído y decaído; hablé un poco con él y se siente solo, un niño de su edad no debería de pasar por eso, las pocas personas con las que puede interactuar le hablan como si fuera un perro policía y nunca ha recibido un abrazo… ¿Te imaginas eso?

—…

—Oh, es verdad, si que lo sabes… Pero es por eso mismo que pensé en lo mucho que tú podrías ayudarlo.

—¿Quieres que le dé un abrazo? ¿no crees que eso podría matarme? o menos importante ¿a él?

Mientras más se acercaban a su destino el frío se intensificaba, Doppler acostumbrado al buen tiempo de Venecia temblaba como gelatina, cosa que le era indiferente al investigador Nakahara que no diferenciaba entre el frío de Siberia y el frío de Burkina Faso.

—No tienes que abrazarlo necesariamente… Solo sé su amigo… Aunque si, bien podríamos averiguar si sería posible el contacto físico directo. —Se frotaba las rodillas por el frío.

—No me vas a usar de conejillo de indias, Louren. —Se molestó, y con mucha razón. Su mano apuntaba hacia el doctor como amenazando.

—Hazlo por el niño. —Rogaba.

—Ni por el niño ni por nadie; mira, voy a tratar de hacerme amigo de él pero no pienses que voy a estar libre todo el tiempo para ir a jugar a su celda cuando quiera.

—Está bien, está bien… Muchas gracias, Reki, un gracias muy sincero; si el magnorum lo aprueba podrían incluso darte días libres.

El joven se quedó en silencio por uno momentos, luego giró su vista hacia afuera de la ventana, al paisaje nevado. —No quiero días libres.

Doppler lo miró durante unos momentos. —Es por la investigadora ¿no? ¿quieres pasar más tiempo en la oficina solo para verla?

El investigador se volvió a él rápidamente con unos ojos que mezclaban sorpresa, molestia y la misma vergüenza de antes.

—No me mires con eso ojos, solo digo, tu la trajiste prácticamente, pasan mucho tiempo juntos, tienen casi la misma edad, al menos yo siento la tensión.

—No sé de qué me hablas. —Y volvió su mirada a afuera.

—Como tú digas.

El frío traspasaba las paredes del helicóptero y la ventana del lado de Doppler se empañaba con únicamente su aliento pues Reki no era capaz de percibir cambio alguno en la temperatura y por consiguiente era el único del que no salía vapor que manchara la ventana. Los dos estaban bastante abrigados; Doppler con gorro y parche afelpado, Reki con orejeras de invierno, ambos con guantes y otras cosas; el primero frotaba sus manos y frotaba sus rodillas; frente a él con los brazos cruzados lo veía Reki, pensando en como nadie agradece cada día de su vida que no tienen la misma condición que él, siempre abrigado, el omnipresente frío debajo de su piel, debajo de la nieve o debajo del sol; la ausencia de la calidez que una sola persona pudo devolverle en medio de su invierno emocional en un paisaje muy similar al que admiraba a través de la ventana.


En la oficina, Génesis, la investigadora junior, leía el artículo OTS-081, recién leídos los protocolos de control se había aburrido un poco por lo que abrió otra pestaña en el buscador y comenzó a jugar billar en una página de juegos en silencio durante algunos minutos hasta que la puerta abriéndose la interrumpió. Asustada cerró rápidamente la pestaña y volvió al artículo.

—Parece triste, investigadora Rodríguez ¿no se está adaptando bien al lugar? es normal al principio, la agencia es todo un mundo nuevo puesto de cabeza. —Dijo la mujer mientras entraba a la amplia oficina con una carpeta delgada en su mano, usaba una blusa negra sin mangas y tres tonos de castaño en su cabello.

—¿Qué? No, no es eso… Agradezco su preocupación ¿doctora…? —Respondió Génesis tímidamente mientras movía con el cursor la pantalla de arriba a abajo fingiendo que hacía algo.

—Agente, agente Amy Jamaica; hemos estado trabajando en el mismo equipo desde que llegaste ¿en serio no sabías mi nombre? —Azotó levemente la carpeta sobre un escritorio a tres metros de distancia de la chica y siguió caminando hasta un dispensador de agua de dónde tomó un cono de papel para beber.

—Oh discúlpeme, agente Jamaica. —Trató de no reír por el extraño apellido, pensó que probablemente era un nombre en clave. —Entonces ¿Jamaica es un apodo de agente?

—No, es mi apellido real.

—Oh…

Hubo en la habitación un silencio entre ambas de casi 15 segundos, el único sonido era el de Amy sorbiendo agua caliente hasta que Génesis impulsada por su deseo de socializar volvió a hablar.

—Y agente Jamaica ¿no debería estar con su Fuerza Especial Móvil o algo así?

—¿Me estás corriendo?

—¡No, no, no, no, no! solo era una pregunta, discúlpeme.

—Ja, ja. Bromeo; verás, suelo cambiar de FEM constantemente… Por ahora me tienen de un equipo a otro con trabajos de espionaje y recolección de datos.

—Ya veo je, je. Yo aún estoy en mi etapa de entrenamiento, el investigador Nakahara es mi guía por el momento y me parece que después me asignarán a un departamento específico.

—Nakahara, el chico que siempre está abrigado ¿no? se llevan muy bien ¿verdad?

—Quiero pensar que si.

—¿No estás segura? yo los veo muy unidos. —Se volvió a servir agua caliente en su cono.

—¿En serio? Supongo que lo somos un poco, somos roomies.

—Entonces deben conocerse muy bien.

—Creo que si.

—Nunca suenas segura ¿te cae mal? —Arqueó la ceja como transmitiendo duda.

—Ay no, no me cae mal, lo aprecio mucho.

Amy comprendió rápidamente el tipo de relación que seguramente tenía la investigadora con su amigo pues como agente especializada en espionaje podía realizar perfiles psicológico de las personas que apenas conocía al entablar conversaciones. —Yo también tengo un amigo muy preciado, se llama Kendrick, es un amor pero siempre se estresa mucho pues trabaja eliminando personas.

—Cielos…

—Si, los manda al cielo… O al infierno, no sé, creo que depende. —Aveces se distraía un poco al hablar. —Como sea, yo trato de apoyarlo en sus momentos de debilidad porque él me apoya en los míos, eso es lo más importante en cualquier relación, si tienes dudas de tu relación con el investigador Nakahara asegúrate de ese punto primero ¿el te apoya? ¿tu lo apoyas?

—No estoy segura… El si ha hecho mucho por mí, pero yo no hago nada por él… Eso me hace sentir un poco culpable.

—Bueno pero si son roomies, lo que ambos ganan lo usan para la casa ¿no? —Gesticulaba mucho con su mano mientras hablaba, moviendo ese cono y casi derramando el agua que finalmente bebió.

—Pues para empezar la casa es de él, siempre se encarga de casi todo y hasta éste trabajo que tengo fue porque me lo consiguió.

—Bueno pero debe haber algo que puedas hacer por él, no sé, comprale un regalo, un pastel o algo así, que el vea que lo aprecias y que quieres recompensarlo.

Génesis la escuchó atentamente, no estaba segura si era eso realmente lo que necesitaba pero tampoco iba a menospreciar su consejo. —Si… Gracias agente.

—Un placer. —Bebió más agua caliente. —Pero si te gusta entonces deberías decírselo, talvez él sienta lo mismo.

—¿Gustarme? no, no tenemos esa clase de relación, no, para nada. —Era muy buena ocultando sus pensamientos y los reflejos de éstos en su persona, cosa que solo la llevaba a un callejón sin salida.


Gracias por venir; OTS-040 está en su cuarto de juegos. —Dijo el Taumaturgo Abel Knigth, uno de los maestros del niño que abrió la puerta al Doctor Doppler y al investigador Nakahara para que entraran al área de contención donde también estaba el capitán Lozano.

—Muchas gracias, con su permiso. —Le contestó Doppler que llegó hasta donde estaba el capitán junto con Reki que lo seguía. —Investigador Nakahara, ellos son los encargados del cuidado del niño.

Los dos hombres se presentaron con el joven investigador pero a él no podía importarle menos. —Buenas tardes… —Dijo Reki muy cortantemente. —Entonces ¿ya puedo ir a verlo?

—Por supuesto, adelante investigador. —Le respondió el capitán el cual se quedó charlando con Doppler y el Taumaturgo. Doppler ya les había pedido que dejaran al investigador solo con el niño pues confiaba en que todo saldría bien y muy a fuerzas aceptaron su solicitud bastantes horas antes de traer a Reki hasta la base.

El joven caminó por el área de contención, era en pocas palabras una habitación simple donde se alojaba el niño, luego continuó hasta llegar al cuarto de juegos donde OTS-040 se encontraba, jugaba con unas figuras de plástico en forma de animales, en su mayoría animales marinos, de granja y aves.

—Hola amiguito. —Saludó con la mano, con una sonrisa en su rostro.

El niño lo volteó a ver, sus ojos amarillos veían a través del investigador como si verlo ahí no fuera de su agrado. Respondió por pura educación. —Hola.

—¿A qué estás jugando? —Se acercó poco.

—Nada.

—Pues se ve muy divertido, me llamo Reki.

El niño no respondió.

—¿Puedo jugar contigo? —Preguntó el investigador caminando un poco más hacia él.

—¿Cómo harás eso? —El niño no parecía entender el concepto de jugar con alguien más.

—Fácil, tu puedes usar el camello y yo el cisne ¿te gusta? —Reki se sentó en el suelo justo delante del niño y tomó el pequeño juguete de cisne.

—No quiero, yo soy el cocodrilo y tú el pingüino. —El ya tenía al cocodrilo en su mano, le parecía un animal bastante genial.

—¿El pingüino? ¿en serio?… Pues como quieras. —Dejó el cisne junto a los otros y tomó el pingüino.

—Hola pingüino, me llamo cocodrilito.

—Hola cocodrilito. —No sabía que más decirle así que esperó en silencio alguna respuesta o reacción del niño. Sabía que debía tener más iniciativa o nunca podría ser su amigo.

—Dime un dato interesante sobre los pingüinos.

—No soy zoólogo.

—¿No sabes? ¿qué clase de adulto eres? mira, los pingüinos viven en el hemisferio sur, son aves acuáticas no voladoras, pueden llegar a nadar hasta cincuenta kilómetros por hora, solo tienen una pareja de por vida con la que se reproducen hasta que mueren, se alimentan de krill, calamares, peces pequeños.

—Ya, ya párale, suenas como una IA… Veamos un dato de los pingüinos que no conozcas… No pueden volar porque tienen frío.

—No es cierto.

—¿Cómo no? bueno otra cosa… Sus plumas los protegen del frío ¿sabías eso?

—Si.

—Eres un mocoso muy listo ¿no?

—Estudio mucho.

—Pero me han dicho que últimamente no prestas atención a clases, el hombre que te entrevistó dijo que necesitabas un amigo y que casualidad que yo tampoco tengo muchos amigos… ¿quieres ser mi amigo?

El niño lo miró durante unos largos momentos hasta que apartó su mirada de vuelta a sus juguetes. —No, no quiero, no sabes nada de animales.

—¡Que maleducado! es porque no me especializo en animales pero si sé algunas cosas de… De otras cosas.

—Entonces dime un dato de otra cosa que sepas.

—Mmm… La estrella más cercana a la Tierra después del Sol es Próxima Centauri, está a poco más de cuatro años luz de distancia.

—¿Eso es poca distancia?

—Comparado a otras distancias entre estrellas, si lo es.

—Nunca he visto las estrellas, no me dejan salir de noche, me dijeron que se ven como puntos blancos en el cielo oscuro.

—Son más que eso, son muy hermosas. —El tema lo entusiasmaba y eso llamaba la atención del niño acostumbrado a la seriedad de sus maestros.

—Quiero verlas.

—En éste momento todavía hay luz de día pero si quieres podemos ir afuera… El sol sigue siendo una estrella y probablemente lo siga siendo durante mucho tiempo.

—¿Cuánto tiempo? —Veía muy atento al investigador que era la persona más joven que había conocido en su vida.

—Depende.

—¿De qué?

—De si quieres esperar a que se convierta en una gigante roja, una enana blanca o… ¡oye! ¿quieres ir afuera o no?

El niño asintió un par de veces y se levantó dejando los juguetes en el suelo; entonces ambos llegaron hasta donde estaban los otros.

—¿Nos darían permiso de salir a caminar un poco?

El capitán, el Taumaturgo y Doppler intercambiaron miradas, luego palabras y puntos de vista, ni al niño ni a Reki les importaba que decían, lo único que les importa era si su respuesta sería un 'si' o un 'no'.

—Claro, está bien, pero estaré observando junto a mi equipo por si… Necesitan algo. —Dijo el capitán.

—Muchas gracias… Dí gracias tu también.

El niño asintió. —Gracias.

Y ambos salieron. El frío los recibió aunque ninguno de los dos lo percibió, el niño siempre tenia una temperatura estable y Reki siempre tenia frío. El paisaje blanco era hermoso, la nieve en el suelo, el viento constante, inmutable para ambos; al menos ellos podían disfrutar de un ambiente tan hostil como ese.

—Hoy no hay ventisca. —Mencionó el niño caminando por enfrente del joven, sus pisadas en la nieve eran lentas, era algo complicado para sus pies de 10 años.

—¿Suele haberla?

—Siempre.

—¿Sales seguido?

—Cada mes.

—¿Éste mes ya habías salido?

—Si.

—Que bueno que nos dieran permiso. —Caminaron bastante entre el campo blanco hasta un pequeño montículo.

—¿Porqué estoy en el polo norte? —Preguntó el niño. Reki había leído su artículo y sabía lo que debía responder si se lo llegaba a preguntar.

—Eh… Porque aquí es más fácil mantener bajo control tus habilidades.

—No me refiero a eso.

—¿Cómo? entonces a qué te refieres?

—¿Porqué en el polo norte y no en el sur? en el sur hay pingüinos.

—Je, je, je… Talvez porque acá si hay camino en tierra hasta el resto de la civilización o porque es menos letal para los investigadores.

—Ah, si. —Respondía algo distraído viendo el suelo bajo sus pies y viendo el cielo sobre su cabeza. Hoy tampoco se veía el sol.

—¿Quieres jugar a algo?

—Los juguetes están adentro.

—Yo veo juguetes aquí. —Reki se agachó y empezó a comprimir nieve, solo un poco para que no doliera tanto.

—¿Dónde? —El niño recibió su respuesta en forma de una bola de nieve que se estrelló contra su pecho.

A varios metros de distancia el capitán Lozano veía al niño y al investigador arrojándose bolas de nieve, riendo y corriendo torpemente como si sus vidas dependieran de ello. —¿Está seguro de que ésto va a funcionar, Doppler?

—¡¿Cómo puede hacer tanto frío?!… Si si, usted no se preocupe capitán, ésto es lo que el niño necesitaba.

—Si presta menos atención a sus clases por estar pensando en salir a jugar lo voy a culpar a usted.

—Ya entendí, ya le dije que ésto es.

—Lo que el niño necesita, ya lo escuché… Pero yo soy el que debe darle resultados a Magnus Undécim.

—No se estrese… ¿Quiere lanzar bolas de nieve?

—No, gracias.

El niño reía como nunca, se tropezaba y se volvía a levantar; arrojaba las esferas como proyectiles que golpeaban al investigador y éste se los devolvía hasta que luego de casi media hora Reki se quedó en el piso completamente agotado, su cuerpo creaba muy poco calor que casi al instante desaparecía y no sudaba.

—Oye ya, ya, ya porfavor… Estoy cansado, ganaste ésta vez. —La respiración del joven era agitada pero no salía vapor de su boca.

—¿Gané? ¿qué me gané?

—Es un decir.

El niño se sentó junto al investigador y lo miraba de la misma manera que miraba una piedra de basalto a alta temperatura. —Gracias por jugar conmigo Reki, eres muy genial.

—Oh, gracias… Fue divertido… Oye, niño.

—Mande, Reki.

—¿Cómo te llamas?

—OTS-040.

—No, no, tu nombre real. —Se levantó un poco sentándose mientras lo veía con duda en sus ojos.

—No tengo un nombre real, soy OTS-040.

Reki se lamentó un poco por él pero era lógico que fuera de ese modo conociendo el modus operandi de la agencia. —¿No quieres un nombre?

—¿Cómo cuál?

—No lo sé, tu elige uno… ¿Sabes nombres no?

—Si, conozco nombres.

—¿Cual te gusta?

—Mmmm… Miguel.

—Un gusto entonces, Miguel.

Instintivamente Reki le ofreció la mano pero rápidamente la quitó recordando que no podía hacerlo; ambos se vieron durante unos momentos pues aunque sabían exactamente lo que podía pasar a Reki no le importó, se arriesgó; se sacó el guante y le acercó su dedo índice; el niño con temor hizo lo mismo lentamente hasta que las puntas de los dedos de ambos se tocaron y para sorpresa de ambos, no pasó nada; ambos veían sus dedos juntos y luego pasó a un saludo de manos, moviéndose de arriba a abajo, era un saludo realmente largo.

—¡No te maté!

—Ja, ja, ja, ja. ¡Así es, ni yo a tí! ¿estás viendo?

—¡Si, si!… ¿Estás bien?

—Si, yo estoy bien… ¿Tu estás bien?

—Estoy bien…

—Estás tibio.

A la distancia el capitán y Doppler veían al joven investigador caminando de vuelta a ellos cargando en brazos al niño.

—¿Ve eso capitán? se lo dije.

—¡¿Cómo está haciendo eso?!

—Ya le hablé de las características del investigador Nakahara.

—¡Pero eso no debería de pasar!

—¿Te divertiste? —Le preguntó Doppler al niño una vez llegaron hasta ellos.

—Me divertí. —Respondió.


—Investigadora junior Rodríguez ¿dónde está su guía el investigador Nakahara? —Le preguntó la doctora Ximena a la joven, la cuál junto a otros investigadores junior se encontraban en la Base #81 de la cual dicha doctora era directora.

—Tuvo que salir urgentemente con el doctor Doppler.

—Se supone que debía estar aquí… Como sea, yo los voy a guiar, acompáñenme porfavor.

El pequeño grupo pasó por algunos pasillos, parecía una base normal hasta que llegaron al área de contención parcial del OTS-081, era semejante a un laboratorio pero al avanzar se encontraron con un vidrio unidireccional que daba a una sala de cine no muy grande.

—Dejen sus archivos un segundo y presten atención, supongo que no es su primera vez viendo a uno de nuestros OTS en vivo pero los nuevos siempre se sorprenden con éste, les suplico que no se asusten y observen hasta el final.

En la sala se veían varias parejas jóvenes sentadas, estaban viendo la película "Titanic".

No hagan apuntes, no hagan preguntas, solo observen. —La doctora parecía muy tranquila aún cuando luego de unos momentos, múltiples tentáculos verdes semi transparentes salían del suelo dentro de la sala de cine y envolvían a las parejas.

Los investigadores novatos estaba horrorizados ante la escena, algunos querían gritar, otros salir corriendo; la mayoría no tenía idea de que estaba pasando, pensaban que talvez esa cosa los devoraría, los mutilaría cruelmente o talvez los desnudaría; todos pensaban cosas diferentes pero similares, el evento duró algunos minutos, durante esos minutos trataban de pensar en qué le habrían de preguntar a la doctora. Una vez el evento acabó la doctora Ximena rompió el silencio.

—¿Comentarios?

—¿Qué fue lo que les hizo? —Preguntó alguien del público.

—En palabras cortas: se alimentó. Tienen un extracto del artículo en sus carpetas, léanlo en silencio y luego pueden volver a preguntar; si ya lo han leído entonces… Adelante.

—¿Qué es exactamente? —Preguntó alguien que solo dió un repaso leve con la mirada al artículo.

—Para éste punto ya debieron haber oído que los dioses existen, hay seres indescriptibles, formas de vida superiores y entidades lovecraftianas, llamadas de ese modo en honor al taumaturgo teórico del siglo pasado, H.P. Lovecraft… El OTS-081 reúne algunas de éstas descripciones; es probablemente alguna clase de deidad o extensión de una deidad como un avatar relacionado con conceptos concretos, en éste caso específico como ya pueden deducir, es el romance u otras manifestaciones del amor no sexual… Desconocemos los verdaderos orígenes de la entidad, su naturaleza, apariencia completa y muchas más cosas pero para eso están aquí, su trabajo como miembros investigadores de la agencia consiste en estudiar a todas éstas criaturas y objetos que controlamos, nuestro deber es descubrir cada secreto que guarden y aprender de ellos.

Un Investigador junior levantó su mano a la altura del cuello y empezó a hablar antes de recibir el permiso de hacerlo. —Tuve la oportunidad de leer el artículo 081 con mi guía, me explicó un poco de la entidad pero verla en vivo es una cosa completamente diferente.

—Si, así es, nuestro trabajo rara vez nos obligará a interactuar directamente con éstas cosas, para eso tenemos a los grupos operativos móviles pero es verdad que es inevitable tener que estar cerca de ellos y por eso deben conocerlos lo mejor posible, así saber cómo reaccionar si llegasen a tener un encuentro no deseado con algo como lo que acabamos de ver.

—Tengo una pregunta, doctora. —Mencionó Génesis levantando su mano.

—Adelante. —Le contestó.

—¿OTS-081 se alimenta exclusivamente de amor romántico?

—Así es, hasta el momento no parece tener interés por nada más que eso.

—Y solo puede encontrarlo en sujetos conscientes con cierto raciocinio y entendimiento del romance… Quiero decir, no tiene interés en por ejemplo una pareja de aves haciendo su danza de apareamiento ¿cierto?

—Es correcto, en cierto experimento que no viene en las hojas que les dí, descubrimos como OTS-081 no se alimenta de las hormonas ni proteínas que crea el cerebro en el estado de enamoramiento sino de algo más; talvez del evento en si, la percepción de romance de los sujetos o los sentimientos que generan.

—Entonces solo puede encontrar la energía que necesita en nosotros u otros seres similares… ¿No sería en cierto modo un devorador de mundos?

—Yo lo llamaría un parásito.

Las palabras de la doctora se quedaron en la mente de Génesis durante el resto del recorrido; a continuación vieron un poco sobre el OTS-009, OTS-023 y OTS-064; todos estuvieron muy atentos, se asustaron, sorprendieron, confundieron, entristecieron y rieron pero ningún otro objeto causó en Génesis tanto impacto como ese parásito de amor.


Reki volvió a la oficina pero Génesis ya no estaba ahí, era bastante tarde, ella debió haber ido a casa hace al menos dos horas; en el camino recordó que tenía que acompañarla al recorrido de los investigadores junior pero lo había olvidado, un camino de varias horas hasta el polo norte y de vuelta no le hubiera dado el tiempo de ir de cualquier modo. Reki checó su salida y salió de la instalación; la noche era igual de fría que el día, al menos hoy pudo tocar a alguien sin matarlo, fue divertido hacerse amigo de un niño.

—Génesis, ¿llegaste con bien? hay spaghetti y pollo en el refrigerador, come y acuéstate temprano, ya voy de camino hacia allá. —Dejó un audio en su chat con ella mientras manejaba por la carretera hacia su casa, dónde también su amiga vivía.

Las nubes eran delgadas y dibujaban trazos incompletos en el cielo azul oscuro; no había viento ni tráfico, no había conversaciones ni intercambio de miradas, la noche era solitaria, la luna acosaba como perseguidor nocturno, los baches precavían accidentes pero eran molestos y retrasaban el viaje; el aromatizante hacia demasiado bien su trabajo, los faros del auto abarcaban cientos de millas hacia adelante; talvez algún conejo imprudente que salga de la hierba agradecerá algún día el ser advertido de los neumáticos. Reki era una silueta bajo una luz a las afueras de la ciudad. Reki era un témpano de hielo. Reki era el punto Nemo. Reki era la conclusión de King Kong. Reki era una suerte de patriarca. Reki era la montura de un caballo. Reki era una copa de incienso. Reki era el desvelo de una madre. Reki era un satélite.


Génesis llegó cansada a casa de Reki, a veces su casa, a veces una punzada de culpa que no la dejaba dormir. Sentía algo de miedo por compartir el mundo con cosas tan extrañas como las que vió hoy en vivo pero no le quitaban el sueño. Cerró con seguro la puerta sabiendo que su amigo tenía llave, se dejó caer en el sofá, se quitó los zapatos y encendió la televisión buscando mensajes subliminales, luego de eso se quedó dormida durante cuarenta minutos hasta que Reki entró.

—Tardaste, Reki. —Estaba un poco molesta pues esperaba que volviera más temprano pero sabía que cuando se trataba de trabajo no podían hacer nada.

—Fui al polo norte. —Cerró la puerta detrás de él y se acercó hasta su acompañante.

—¿Te sentiste en casa? —Se levantó un poco, sentándose derecha y bajando los pies al suelo.

—No jodas. —Se sentó junto a ella recargando su cabeza en el respaldo del sofá.

—¿Fue acogedor? —Se giró un poco hacia el para verlo mientras hablaban.

—Un poco, sorprendentemente.

—Imagino la razón. —Se posó justo a su lado dejando solo un centímetro de distancia entre sus brazos.

—¿Cómo te fue a ti? —Preguntó el mirándola de reojo.

—No sabía que responderle, pensaba en amor y pensaba en odio, era tan confuso pero lleno de descubrimientos. —Se sintió revelador, casi… Personal.

—¿Ya te estás sintiendo parte de la agencia eh?

—Algo como eso.

Reki se quedó un rato en silencio descansando sus ojos, luego se levantó y caminó hacia el interior de la cocina. —¿Quieres comer algo?

Tardó en responder pero la respuesta no podía ser otra más que: —Si, claro, gracias. —Siempre gracias, nunca de nada, le frustraba, le molestaba pero no era por él, era por ella.

Reki encendió la radio y encendió la estufa, sonó una canción en francés. Preparó macarrones con queso y calentó pollo. Génesis se acercó a la cocina sentándose a la mesa con su mano en la barbilla y los ojos en su contrario.

—Te quiero, Reki. —Dijo sin más, no solía decir cosas así, sus palabras eran para recordarselas a si misma, eran para tenerlo en mente aunque también se sentía bien decírselo.

Reki la volteó a ver, sus ojos no lo creían pero sus mejillas si por lo que tratando de esconderlo volvió su mirada a la comida. —Ya cállate, Génesis.

Ella río un poco, la voz del joven no era de molestia, ambos sabían eso. —Que adorable, le da vergüenza ¿qué? no me digas que te enamoraste de mí.

—Ya no empieces y come mejor. —Dejó sobre la mesa dos platos de comida, se sentó frente a ella y empezó a comer en silencio con el ceño fruncido.

Ella lo miraba, deseaba poder decirle algo más, el fin de semana le daría para los gastos de los servicios del hogar aunque el no quisiera aceptarlo. Miró su comida, lo miró a él y empezó a comer, la música llenaba los huecos que el silencio de ambos dejaba. Deseaba dejar de comer y cocinarle algo, deseaba comprar su propia casa y pagarle todo lo que él había hecho. Aunque lo negara sabía que Reki la quería y aunque ella también lo quería, no deseaba aprovecharse de eso para ser su parásito de amor.

Reki se concentraba en su comida, su rostro helado se calentaba en ocasiones pero no lo suficiente como para sudar o mostrar rubor durante mucho tiempo. Reki quería levantar la mirada para verla pero no podía, quería ver sus ojos, decirle que también la quería y charlar durante horas pero tenía un nudo en la garganta, uno que el mismo se ató por el miedo de encadenarla a él. Reki sabía que jamás podría tener algo más con ella, su toque frío hasta la muerte lo tenía condenado a la soledad.

Ambos comían macarrones y pollo recalentado, aún había pollo congelado en el refrigerador, con suerte les duraría una semana más sin caducarse. ¿Qué beneficio trae el silencio? ninguno más que la falsa felicidad que creen que obtendrá el otro.

Génesis no quería aceptar ya nada más de él por el sentimiento de ser una carga y eso la alejaba; Reki quería cuidar de ella pero no podía aceptarse estar cerca suyo. En ocasiones las personas a las que amamos nos quieren tanto que hacen por nosotros lo que no queremos, aveces amamos tanto a alguien que hacemos lo que es mejor para esa persona y no para nosotros. A la misma mesa nos juzgamos a nosotros mismos de egoístas, de no ser dignos, de ser malos para quienes tanto amamos sin saber que a esa persona no le importaría morir si es con nosotros. Qué tanto no hubieran dado para poder ser felices con el otro, para abrir sus corazones y exponerse, para compartir cada batalla, cada peso, cada cruz, cada miedo; para levantarse de esa mesa y bailar juntos toda la noche.

Esa noche, Reki y Génesis, cada uno en su mente propia, en sus ganas, sueños y deseos bailaron juntos al ritmo de una balada francesa.









El amor se estanca con el silencio.


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